Farándula

Fatiga de decisión, el gran problema de Netflix

Estados Unidos.- ¿Pasas más tiempo decidiendo qué ver que viendo contenido? Se llama fatiga de decisión y para Netflix es un gran problema.

El servicio streaming anunció que, a lo largo de este 2021, todos su clientes tendrán acceso al modo aleatorio en la reproducción de contenidos.

Esta nueva funcionalidad, que estuvo disponible en pruebas para determinados usuarios desde 2019, deja en manos de la plataforma qué contenido reproducir.

La generalización de esta opción de shuffle llega pocos meses después de que Netflix lanzara Direct en Francia, un canal lineal en la web. Que el titán del entretenimiento online apueste por una experiencia casi televisiva suena como una broma, pero los motivos que hay detrás de ambas iniciativas son muy serios.

Los contenidos seleccionados para el modo aleatorio se obtienen a partir de los hábitos de consumo del usuario; mientras que en Direct se obtienen de acuerdo con los contenidos más populares en un determinado territorio.

En ambos casos, el principal objetivo de Netflix es reducir al máximo el tiempo que dedicamos en navegar por su plataforma sin rumbo e impulsar las reproducciones.

Según los expertos, un ciudadano promedio se enfrenta a unas 35,000 elecciones diarias—, sumamos una preocupación más: decidir cuál será la serie o película que nos acompañará llegado el momento de descansar.

Llegamos al prime time con la mente saturada y la libertad que predica el sistema se ha convertido en una mochila particularmente pesada.

Es lo que el sociólogo Barry Schwartz denomina la paradoja de la elección y la consiguiente fatiga de decisión, una consecuencia directa del bombardeo de contenidos al que estamos expuestos diariamente y que está volviendo cada vez más difícil decidir en una u otra dirección.

“Todo se reduce al acto de elegir una de entre todas las opciones posibles y el miedo a equivocarnos, incluso cuando somos perfectamente conscientes de que las otras opciones no desaparecerán después de haber elegido”, explicó.

“No nos sentimos a gusto gastando el tiempo en algo de lo que no podemos estar seguros que sea la mejor elección posible”, dijo.

Tráilers autorreproducibles, stories en las versiones móviles, rankings de popularidad, interfaces hiperpersonalizadas, algoritmos de recomendación… toda la arquitectura tecnológica sobre la que se sustenta Netflix trata de poner remedio a esta fatiga de decisión en la que nos ha situado este nuevo ecosistema televisivo.

Los datos de cientos de miles de suscriptores les han permitido, incluso, establecer la duración de un período crítico, desde que entramos al servicio streaming hasta que conseguimos tomar una decisión de qué ver: entre 60 y 90 segundos.

En este lapso de tiempo, el usuario “o bien encuentra algo de interés o el riesgo de que abandone el servicio aumenta sustancialmente”.

El bloqueo de elección no impulsa el consumo. Al contrario. Si estás indeciso, la frustración puede llevarte a otra plataforma. O a mirar historias de Instagram.

La fatiga de decisión afecta de manera directa las horas de reproducción (base de la fidelización de clientes). Por eso salta las alarmas.

Las deliberaciones frente a la pantalla tienden a buscar el correlato a un estado de ánimo particular y, por el camino, acostumbran a surgir mil peros que nos alejan de una decisión definitiva, meditada y firme: dura demasiado y mañana tengo que madrugar, tiene demasiadas temporadas y me da flojera, es demasiado denso, no tiene buena pinta, no quiero empezar nada nuevo, esto sí pero no ahora…

Con cada nueva referencia aumenta nuestra ansiedad, por eso buscamos zonas de confort, como la serie de la que habla todo el mundo, volver a ver clásicos que nos dieron una gran satisfacción en su momento, ver una temporada de una serie de golpe, la pauta semanal, la garantía de los premios o la prescripción de los que han convertido la recomendación en su profesión.

Y el futuro promete más de lo mismo. Mucho más.

Las plataformas se han convertido en islas de contenidos exclusivos, con catálogos cada vez más amplios y una rotación de estrenos que alcanzarán cotas aún mayores.

La propia estructura del streaming basado en la suscripción, que depende de la producción original para atraer a nuevos clientes, ha convertido el exceso en la nueva normalidad.

Se está alumbrando un sistema que ya no abastece al usuario basándose en las lógicas de mercado. Se limita  a cebarlo con capas infinitas de programación.

Para Netflix más es más. Pero para el espectador parece que más es cada vez menos.

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